Hace diez años, la dominación mundial por parte de Microsoft se veía como algo inevitable. Dominaba los ordenadores de medio mundo y no había nadie que le pudiera hacer sombra. Entonces, nació un humilde buscador.
Hoy en día, se hace difícil pensar un mundo sin Google. Se ha convertido en un verbo de uso común en los EEUU como sinónimo de "buscar en Internet", y recientemente fue utilizado por Barak Obama como ejemplo de que no hace falta tener mucha experiencia para conseguir el éxito.
Y es que Google nació como nacen la mayoría de las ideas revolucionarias en el mundo de la informática e Internet. Larry Page y Sergey Brin, dos estudiantes de Berkeley montaron un pequeño servidor en el que estaba albergada la primera versión de su buscador: Google. Se trataba de un servidor con un disco duro de 40GB y una caja hecha con piezas de Lego.
Poco a poco, el servidor comenzó a crecer, y casi sin darse cuenta, comenzaron a hacerle la competencia a los grandes buscadores del momento: Yahoo, Lycos, o Altavista. Su secreto: lo espartano y funcional de su buscador.
El buscador
El año 1998, en el que nació Google, no se puede considerar que sean los inicios de la WWW. Había modelos de negocio bien fundamentados, y aunque todavía no había llegado el fenómeno de la burbuja .com, ya existían grandes empresas dedicadas a la creación de contenidos y al negocio de los buscadores.
Así, ¿cómo consiguió Google hacerse sitio en un mercado ya competitivo y con empresas rivales bien capitalizadas?
Se podría decir que Google fue el viral primigenio por Internet. Gracias a una interficie sencilla, pensada únicamente para cargar la página y obtener resultados rápidamente, sin más ofertas relacionadas ni envoltorios sofisticados, y el boca-oreja de los usuarios de Internet, encantados de haber encontrado una herramienta tremendamente práctica, Google se convirtió en muy poco tiempo en el buscador de moda.
Desde entonces, el afán de Google ha sido recopilar tanta información como sea posible, creando proyectos de digitalización de libros, y comprando otras compañías que le han dotado de una capacidad de gestión de la información sin rival en Internet.
Los programas
Pero Google, aunque en su buscador siempre nos ha "dejado tranquilos" en lo que respecta a servicios y contenidos secundarios, haciendo que su servicio siguiera siendo el más espartano y funcional en lo que a buscadores de Internet se refiere, ha decidido apoyar su conquista de Internet en el software de código abierto basado en la Red.
Así, hoy en día es raro que no tengamos en nuestro ordenador un programa como Google Earth, o que no hayamos utilizado alguna vez Google Maps, Google Docs, o Google Gears. Se trata de hacer que podamos trabajar directamente desde Internet, sin necesidad de instalarnos programas en nuestro ordenador.
Más recientemente, ha entrado con gran éxito en el mercado de los navegadores de Internet, lo cual es un paso muy lógico: si dominas Internet, ¿por qué no permitir que los usuarios lo vean a través de tu "ventana"?
También ha entrado en el mercado de la telefonía móvil con su sistema operativo "Android" que pronto verá la luz en multitud de terminales suponiendo una seria competencia a los gigantes Microsoft, Symbian/Nokia, Palm, y Apple.
La polémica
Pero aunque su lema informal "Don't be evil" (No seas malvado) podría hacer pensar que la ética profesional de esta empresa resistiría un ataque frontal, lo cierto es que el afán de Google por documentarlo "todo" ha topado de lleno con el derecho a la privacidad de las personas.
Se supone que cualquier cosa que subes a Internet está pensada para, de una manera u otra, ser compartida. Puede que sea para que lo vea todo el mundo, pero también que sólo esté pensado para un grupo pequeño de personas, colgando la información en una ubicación que únicamente compartes con tus más allegados. Pero eso, a menos que se lo indiques a los robots de Google, que se pasan las 24 horas del día buscando información, es tan público como que salga en la prensa.
¿Qué derecho tiene Google a indexar y permitir a cualquiera encontrar una información que hemos colgado en un directorio oculto de nuestra página web? Está claro que si sabemos un poco de programación, podremos indicarle a los programas automatizados que indizan páginas que no queremos que sean catalogadas, pero es como tener que colgar carteles en la puerta de nuestra casa que expliquen que si desean entrar, nos pidan permiso primero.
Y es que Google se ha convertido en el "Gran Hermano" de Orwell, aún más con aplicaciones como Google Streets, que realizan fotografías de calles de ciudades, sin preguntarnos si deseamos salir en esas fotos.
Lo que está claro es que, al menos por las cifras de utilización y el limitado volumen de quejas, la gente considera que los pros son mucho más importantes que los contras, por lo que Google podrá continuar en su labor de almacenar toda la información habida y por haber... al menos, diez años más.
Claro que cualquiera sabe que es una acción futil, ya que la respuesta a la vida, al universo, y a todo lo demás, es 42. |